¿Por qué valoramos más las cosas cuando nos cuestan más?
Investigadores de la Universidad de Stanford (Estados Unidos), descubrieron por qué realizar un gran esfuerzo personal provoca una liberación de dopamina en el cerebro.
La razón es otra sustancia química cerebral, la acetilcolina, que regula la cantidad de dopamina liberada al conseguir una recompensa en función del esfuerzo invertido.
El estudio concluye que cuanto mayor es el esfuerzo que hacemos para conseguir algo, mayor es el placer al obtenerlo y mayor también el valor que le asignamos.
Los investigadores querían averiguar por qué los humanos estamos programados, para valorar algo más cuando invertimos en ello muchos recursos (medidos en dinero, sufrimiento, fuerza de voluntad o tiempo), es decir, lo que en el mundo de los negocios se denominan ‘costes hundidos’.
Pero si para los economistas estos costes deben evitarse por su escasa rentabilidad, lo cierto es que los humanos estamos programados para apostar por ellos.
“Tomamos decisiones erróneas basadas en lo que hemos invertido en algo, incluso si la probabilidad de obtener una ventaja objetiva es cero”, explica Neir Eshel, profesor adjunto de psiquiatría y ciencias del comportamiento en Stanford.
“Y no se trata solo de los humanos. Esto se ha demostrado en animales de todo el reino animal”, agrega.
Deseo vs. agrado
La culpa es de la dopamina, la sustancia química que impulsa al cerebro a querer algo y a repetirlo (es la base de las adicciones), y que está directamente relacionada con el placer, el aprendizaje y la formación de hábitos.
“Pero hay diferencia entre desear algo y que te guste”, apunta Eshel. La cuestión es cómo el cerebro motiva el comportamiento: “Puedes desear algo con muchísima intensidad aunque en realidad no te guste tanto, o al revés”.
Para saber más sobre el deseo frente al agrado, Eshel realizó experimentos con ratones y cuyos resultados se publicaron el pasado noviembre en la revista Neuron.
Detalles del estudio
En los experimentos, definieron el “coste” como la cantidad de veces que los ratones estaban obligados a meter el hocico en una caja (de 0 a 50 veces) o el riesgo de recibir descargas eléctricas en las patas para acceder a la recompensa que podía ser agua azucarada o estimulación eléctrica instantánea con liberación de dopamina en una estructura del cerebro denominada ‘estriado’.
El estriado es conocido por su papel en la motivación y el movimiento, por su abundancia de receptores de dopamina y por estar conectados por vías que secretan dopamina y se originan en regiones más profundas del cerebro. También está implicado en el aprendizaje, la formación de hábitos y la adicción.
En el experimento, primero saciaron a los animales con premios sin ‘coste’ y luego, gradualmente, aumentaron el esfuerzo obligando a los ratones a meter el hocico en la caja o elevando la intensidad de las descargas eléctricas en las patas necesarias para obtener la recompensa.
Descubrieron que cuanto mayor era el premio, más dopamina liberaba el cerebro pero también que el coste de conseguir la recompensa desencadenaba una mayor liberación de esta sustancia química en el estriado del cerebro.
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