Ciudad

El hogar como modelo: claves para prevenir la violencia escolar

Especialistas en psicología explican cómo el buen trato en el hogar moldea la conducta escolar y ofrecen herramientas para prevenir la violencia desde la infancia.
viernes, 30 enero 2026
Cortesía | Cada 30 de enero se conmemora el Día Escolar de la No Violencia y la Paz

La escuela representa el escenario donde los niños ensayan su papel en el mundo y construyen su identidad social. Para que esta experiencia sea plena, la convivencia armónica se vuelve indispensable.

Esta cultura de respeto toma especial relevancia cada 30 de enero, cuando se celebra el Día Escolar de la No Violencia y la Paz. La fecha, que honra el legado de resistencia pacífica de Mahatma Gandhi, funciona como un llamado a los centros educativos para sembrar valores de solidaridad y tolerancia.

En conversación con PRIMICIA, especialistas en psicología subrayan que sembrar una cultura de buen trato desde la infancia es crucial para dotar a los niños de las herramientas necesarias para conciliar con sus pares.

Al priorizar el diálogo frente a la confrontación física, se garantiza que, en el futuro, se conviertan en adultos capaces de resolver diferencias a través de la palabra.

Debido a que la crianza en el hogar ejerce una influencia determinante en cómo el niño se vincula con su entorno, el papel de los padres como guías resulta vital. En este sentido, los expertos consultados describen cómo los valores de respeto y empatía que se viven en familia se pueden replicar en cada salón de clases.

Trabajo en el hogar

La psicóloga Kimberlyn Ramos expone que la familia es el modelo de referencia para los niños. En este sentido, subraya que la educación debe basarse en el ejemplo de las buenas acciones, el establecimiento de límites claros y una supervisión consciente de su presencia en el mundo digital.

“Sabemos que en la infancia y en la adolescencia, la opinión más importante para el ser humano en esa etapa es la de sus pares, la de sus iguales, sus amigos. Es encontrar un equilibrio entre lo que él desea y lo que es correcto”, afirma.

Según Ramos, la asertividad de los padres es el espejo donde los hijos aprenden a expresarse. Para lograrlo, propone un método de comunicación no violenta basado en cuatro pasos esenciales: la observación, el reconocimiento de las emociones, la expresión de necesidades y la formulación de peticiones claras.

Este proceso, recalca la psicóloga, debe estar blindado por un refuerzo positivo que valore los logros del niño.

Cultivar el buen trato

Agustín Planchart, psicólogo clínico, enfatiza que los padres son los principales influenciadores en la conducta infantil. Por ello, recomienda priorizar el buen trato y la validación emocional, enseñando a los niños a gestionar sus sentimientos sin recurrir a la agresividad.

“A veces se confunde mucho mantener la paz con evitar conflictos y no. La paz es resultado de saber solucionar conflictos sin agresión”, asegura.

Como ejemplo, el especialista señala que expresar incomodidades o desacuerdos existentes dentro del salón de clases, sin recurrir a la violencia, representa un paso fundamental para abrir canales de comunicación y encontrar soluciones conjuntas.

“Eso a la larga, si no es bien solucionado o solucionado de manera distorsionada, puede fomentar comportamientos y actitudes que no siembren la paz”, sostiene.

Relación entre padres y maestros

Planchart resalta la importancia de mantener una relación estrecha entre padres y maestros. Se debe a que, al compartir información sobre la conducta del estudiante y su desenvolvimiento en el aula, es posible trabajar en sintonía para corregir actitudes de forma efectiva.

La psicóloga Ramos coincide en este aspecto y advierte que los padres y docentes deben evitar descalificarse mutuamente frente a los niños y jóvenes, ya que este tipo de conductas afecta su capacidad para reconocer y respetar la autoridad.

“Los canales preventivos son no esperar a que haya un conflicto para abordar la situación. Es entender que todo tiene señales de alerta y que se puede trabajar, enfocándose en las soluciones. No se trata de encontrar a un culpable”, manifiesta.

Cómo identificar casos de violencia

La especialista también menciona algunas señales que pueden mostrar los casos de violencia escolar, tanto en la víctima, como en el agresor. Deben ser considerados para tomar las medidas necesarias y encontrar soluciones.

Señala que cuando un niño reporta dolores constantes de cabeza o estómago específicamente en el entorno escolar, pero desaparecen en otros contextos, es una señal de alerta. Esto podría indicar que no se trata de una patología física, sino de una forma de exteriorizar una angustia emocional.

De igual manera, el aislamiento y el silencio sobre la vida escolar son banderas rojas. Cuando un niño deja de compartir sus experiencias en el aula o abandona sus pasatiempos favoritos, es momento de actuar.

A esto se suman los trastornos del sueño y el apetito, hábitos que suelen verse afectados por exceso o defecto cuando existe una carga emocional abrumadora.

Vale destacar que identificar a un posible agresor es tan crucial como detectar a la víctima. Ramos señala que la falta de empatía es la principal señal de alerta en estos casos; se manifiesta cuando el niño minimiza el daño causado a otros con frases como “no es para tanto”.

Por ejemplo, la obtención de objetos ajenos de forma recurrente es un comportamiento que los padres no deben ignorar bajo la excusa de supuestos regalos. Mientras que, una baja tolerancia a la frustración también puede ser el preludio de conductas violentas en el entorno escolar.

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