José Serrano: un médico que se enamoró de servir en Canaima
Canaima nunca estuvo en los planes académicos de José Angel Serrano, pero definitivamente estaba en los planes de Dios.
El profesional de la medicina tenía tres opciones para cumplir con su artículo 8: Guarataro, El Manteco o Canaima, lugares que generaban temor por costo y distancia; sin embargo, siguiendo el consejo de su madre escogió Canaima y no se equivocó.
“Fue la decisión más valiente y acertada de mi vida”, dice.
Experiencia en Canaima
Serrano es médico cirujano egresado de la Universidad de Oriente, núcleo Bolívar, desde hace tres años pero su experiencia en Canaima lo describe como una metamorfosis.
“Salí siendo un médico que entiende que la palabra también cura. Me enamoré de la cultura Pemón, de sus calles de arena y de la sabiduría de los abuelos, con quienes podía pasar horas conversando. Ver el Salto Ángel es imponente, pero ver la resiliencia de su gente es lo que realmente te cambia el alma”, asegura.
La experiencia fue tan transformadora y logró tener un vínculo tan fuerte con la comunidad que decidió quedarse un año más como médico voluntario.
“Fueron dos años de entrega total en esa tierra sagrada que marcaron un antes y después en su formación”, expresa.
Misión
El orgulloso guayanés atendió consultas en Canaima y asumió la coordinación de salud.
“Mi enfoque fue cerrar la brecha del aislamiento; organizaba jornadas de especialistas para que la comunidad no tuviera que enfrentar los costos y riesgos de viajar a la ciudad para una atención básica”, detalla.
Actualmente, la misión del médico continua en Maniapure otra zona remota entre Caicara del Orinoco y Pijiguaos, específicamente en el ambulatorio La Milagrosa, como médico tipo 1, coordinando a médicos rurales y pasantes.
Aunque su ciclo en Canaima cerró formalmente, dejó una promesa de volver siempre con amor y empatía; mientras que su compromiso en Maniapure es por año del cual lleva un mes, adaptándose a este ecosistema de servicio.
“Mi misión no tiene fecha de vencimiento, ya se hizo una forma y estilo de vida para mí”, relata a PRIMICIA.
Aprendizaje
En estos años, destaca que su aprendizaje ha sido que la medicina más poderosa no está en los libros, sino en la humanidad y que cuando ejerces con empatía y vocación dejas una huella imborrable.
“Un abrazo, el saber escuchar y el acompañar al paciente en su vulnerabilidad son herramientas terapéuticas tan efectivas como cualquier fármaco”, sostiene.
En los retos durante esta etapa, menciona coordinar traslados aéreos de emergencia, donde la vida depende de la velocidad de un ala y la precisión de nuestras manos.
Anécdotas
Dentro de sus anécdotas que son muchas y de las que señala podría escribir un libro, guarda en sus recuerdos a dos con gratitud. La primera, atender un parto gemelar de muy alto riesgo en Canaima; “hoy esos niños llevan mis nombres, José y Angel, un regalo que me recuerda por qué elegí este camino”.
La segunda, fue ser elegido padrino de promoción de los bachilleres de la comunidad, y ver sus rostros de felicidad.

A los jóvenes interesados en estudiar medicina, aconseja proteger su vocación y su capacidad de asombro.
“El camino es fuerte y a menudo agotador, pero no existe mayor recompensa en este mundo que la sonrisa de un paciente que recupera su salud, o ese abrazo genuino, cargado de lágrimas de agradecimiento, que te confirma que todo el sacrificio ha valido la pena”
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