El animal masticó las hojas de una enredadera llamada comúnmente Akar Kuning, para producir un líquido que untó repetidamente en su cara.
El simio agarró de la camiseta al hombre a través de los barrotes de su jaula y luego le apresó con fuerza de una pierna, negándose a soltarlo.
Esta especie es clasificada en peligro crítico de extinción.