Serenata Guayanesa celebra bodas de esmeralda
Para jugar un rato, puede plantearse el acertijo: ¿qué tienen en común un sociólogo, un ingeniero civil, un odontólogo, un cuatrista y un pediatra? A priori, la respuesta es: la música, aunque resulta de gran simpleza en el caso que ocupa estas líneas.
Porque Mauricio Castro, Iván Pérez Rossi, César Pérez Rossi, Hernán Gamboa primero y Miguel Ángel Bosh después, han construido un legado invaluable que abarca los cuatro puntos cardinales del folclor venezolano, a través de una agrupación, con características de gema, que debería escribirse con letras doradas: Serenata Guayanesa.
Y aunque la celebración de su aniversario 55 se produce en medio de un letargo del cuarteto, los méritos están ahí, inamovibles, eternos, en 40 discos que nacieron del deseo de abonar y cultivar el amor por las manifestaciones musicales que existen en la geografía patria. Además, hay media docena de grabaciones recopilatorias que refuerzan la tarea cumplida.
Como el disco
La historia comenzó con cuatro panas que sentían afición por la música. En paralelo al curso universitario, los hermanos Iván y César Pérez Rossi, Mauricio Castro y Hernán Gamboa se reunían con frecuencia, para tocar y cantar, en algún rincón de Ciudad Bolívar.
Una iniciativa del gobernador de la entidad sureña expandió la llama. El arquitecto Manolo Garrido, quien los había escuchado en la intimidad, les propuso participar en la primera edición de la Feria de la Sapoara.
El concierto se concretó el 13 de agosto de 1971. De él derivó otra propuesta: grabar un disco que recogiera algunas canciones de la región, para acercarlas más al público. Luego del proceso investigativo que terminó en la selección del repertorio, entraron al estudio para darle forma al material, bautizado con el nombre de Serenata guayanesa.
El cuarteto lo adoptó como seña de identidad durante su primera aparición en la Cadena Venezolana de Televisión (madre de la actual VTV). El animador de turno preguntó cómo los llamaba y respondieron que igual que el disco.
El golpe de suerte llegó el año siguiente, cuando la canción El sapo de Alejandro Vargas logró una gran repercusión, gracias al apoyo de los medios.
Con el apoyo de distintas entidades públicas, comenzaron a viajar al exterior. El primer destino fue Colombia. Siguieron: Estados Unidos, México, Panamá, Inglaterra, Francia, Italia, España y Jamaica, donde participaron en festivales y actividades organizadas por las embajadas. A comienzos de los 80, visitaron Chile y Argentina.
Entre los compromisos del cuarteto, Hernán Gamboa encontró tiempo para grabar su primer disco en solitario. Al principio, no hubo problemas, pero después surgieron las desavenencias. Entonces el cuatrista decidió retirarse. En 1984, se sumó Miguel Ángel Bosch.
Decreto
Hernán Gamboa llegó a grabar una decena de discos con Serenata Guayanesa y, en su faceta como solista, concretó 25 materiales, que lo consolidaron como virtuoso ejecutor del cuatro.
Mientras tanto, el cuarteto continuó con su misión de investigación y divulgación de la música venezolana. Además de El sapo -su primer hit- son muy familiares para el público: Casta paloma, El niño don Simón, Calypso del Callao, La mula, A la una, Corre caballito, Golpe y estribillo y La pulga y el piojo.
En la Gaceta Oficial del 21 de noviembre de 2011, fue publicado el decreto firmado por el presidente Hugo Chávez, en el que se declara al cuarteto Patrimonio Cultural.
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