Opinión

Lo que el cuerpo expresa antes del inicio de juego

Agradable tertulia con la abogada, docente y ahora estudiante de psicología Marjorie Campero.
José Cedeño
domingo, 04 octubre 2026

Hace algunas semanas días llegué saludando, como quien se encuentra con amigos y se queda un rato en la conversa, y terminé sentado en una agradable tertulia con la abogada, docente y ahora estudiante de psicología Marjorie Campero. Entre un comentario y otro, Marjorie puso sobre la mesa un tema que, para quienes vivimos pendientes del deporte, tiene bastante tela que cortar, como lo es, los movimientos estereotipados. Y debo decirlo, no fue una de esas palabras que se sueltan para adornar una conversación, Marjorie demostró que conoce el asunto, lo explicó con propiedad y fue llevando la charla por caminos que uno normalmente no transita cuando mira una competencia. Aquella conversa, sencilla y sin poses, me dejó pensando en algo que vemos en cada oportunidad en las canchas y que pocas veces nos detenemos a interpretar, se trata de ese lenguaje silencioso con el que el cuerpo del atleta también parece hablar.

Porque basta sentarse en una tribuna, en un banco o simplemente quedarse mirando antes de que comience el partido, para descubrir un desfile de pequeños movimientos. Hay quien mueve una pierna sin parar, quien camina de un lado a otro, quien sacude los brazos, acomoda el uniforme, golpea suavemente sus manos o repite una determinada acción antes de entrar al campo de juego. Algunos parecen tener un motorcito encendido mientras esperan, y allí puede estar lo bueno de esos movimientos, ya que los mismos sirven muchas veces para drenar la tensión, liberar energía, combatir la impaciencia y encontrar ese punto de concentración que necesita el competidor. El cuerpo, de alguna manera, consigue una salida para todo aquello que la mente está acumulando, es como cuando uno está esperando una llamada importante y empieza a caminar por la casa sin darse cuenta. En el deporte, esa energía también necesita encontrar por dónde salir.

Pero tampoco hay que buscarle cinco patas al gato, ya que no todo movimiento repetitivo es señal de nervios, ansiedad o preocupación, ello puede ser simplemente una costumbre, una forma personal de esperar o una conducta que el deportista realiza sin que le quite concentración ni rendimiento. Cada quien tiene su manera de prepararse para el momento de la verdad, de la competencia, en algunos casos hay atletas que parecen estatuas antes de competir y otros que parecieran estar bailando un joropo sin música, ambos pueden salir y rendir extraordinariamente. Desde afuera podemos observar el gesto, pero no sabemos exactamente qué está pasando por dentro, ya que el movimiento puede ser una descarga, una costumbre o sencillamente parte de la personalidad del atleta, y eso también forma parte de la riqueza humana que tiene el deporte.

La cosa cambia cuando esos movimientos dejan de ser una simple expresión corporal y comienzan a interferir con la concentración, la preparación o el rendimiento, allí sí hay que prestar atención. Un deportista necesita energía para competir, pero también necesita saber administrarla, no se trata de llegar a la cancha convertido en una piedra, porque los nervios y la emoción también forman parte del juego, por lo que se trata de que esa electricidad que recorre el cuerpo termine trabajando a favor y no en contra. Hay momentos en que una pierna inquieta puede ayudar a descargar tensión; pero si el movimiento termina dominando al atleta, entonces ya no estamos hablando de la misma película. La competencia comienza mucho antes del pitazo inicial, y una de esas primeras batallas se libra precisamente allí, en ese territorio donde la cabeza intenta poner orden y el cuerpo busca su propia manera de responder.

Y miren ustedes dónde terminó aquella conversación con Marjorie Campero, lo que comenzó como una charla entre saludos y comentarios terminó dejándome una nueva manera de mirar la cancha. Desde entonces, cuando veo a un atleta mover repetidamente una pierna, caminar de un lado a otro o repetir un gesto antes de competir, ya no lo miro simplemente como alguien impaciente. Quizás está buscando concentración, soltando tensión o preparando su cuerpo para lo que viene, eso quizás no significa nada especial, incluso, es una costumbre que lleva años acompañándolo. Pero allí está precisamente la gracia del deporte, detrás de cada uniforme hay una persona, y detrás de cada persona hay un mundo que no aparece en el marcador. Gracias a aquella conversa con Marjorie, ahora sé que, antes de que comience el juego, hay atletas que ya están hablando con su cuerpo, y eso también merece ser observado. Queridos lectores, hasta la próxima, con el favor de Dios. Para contactos: @Joseceden o Facebook / José E Cedeño Gonzalez (El hijo mayor de Otilia Gonzalez).

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