Opinión

Libre albedrío

"Todo el mundo actúa no sólo bajo compulsión externa, sino también de acuerdo a una necesidad interna".
lunes, 03 junio 2019

El libre albedrío es un concepto que bajo aparente sencillez, tiene considerable carga de cuestionamiento sobre su naturaleza, origen y existencia.

Las palabras libertad y libertinaje se le pueden asociar perfectamente, gracias o a pesar de que la sinonimia entre ambas las ubica casi en el nivel de antónimos, pues mientras la libertad es una altísima prerrogativa del ser moral e inteligente, el libertinaje es siempre una abyección.

Particularmente creo que el libre albedrío del ser humano es una gracia concedida merced a un propósito, pues de lo contrario la tierra estaría poblada por autómatas deambulando sobre ella sin más fin en sus acciones que los comandos de una mente superior, el equivalente a seres impedidos de diferenciar el bien del mal, característica esencial cuya ausencia equivaldría a la inexistencia de la humanidad tal como la conocemos.

Es una realidad hasta hoy inalterada, aunque pareciera obvio que técnicamente fue una apuesta imperfecta, considerando el constante estado de guerra y hechos de violencia y maldad que somos capaces de producir mediante una facultad que si bien nos libró de ser similares a máquinas y nos hizo libres de dar rumbo a nuestro destino, también nos convirtió en asesinos despiadados y corruptos sin fronteras.

Una cualidad defectuosa pero necesaria, concedida quizás para observar qué hacía consigo mismo esa especie de hormigas bípedas destinadas a transitar para siempre a través del cosmos, amontonadas sobre la superficie de una roca azul que bautizaron tierra pero que con mayor propiedad debieron llamar agua, la misma sobre la cual no podemos correr 100 metros sin sentir que el alma se nos sale por la boca, y en la que una simple caída desde nuestros pies puede marcarnos la vida para siempre.

Contrario a esta humilde opinión, el gran Albert Einstein dijo en una oportunidad que “en modo alguno creo en el libre albedrío en sentido filosófico.

Todo el mundo actúa no sólo bajo compulsión externa, sino también de acuerdo a una necesidad interna.

Lo que Schopenhauer decía “un hombre puede hacer lo que desee, pero no puede desear lo que quiera” ha sido para mí una verdadera inspiración desde mi juventud, un consuelo constante frente a las dificultades de mi vida como la de otros, ha sido una fuente incalculable de tolerancia”.

Chaplin dijo una vez que el genio de Einstein era insuperable porque la gente lo admiraba a pesar de no entender nada de lo que hacía, entonces, ¿qué puedo yo contrariarle al gran Einstein? Pregunta necia y atrevida.

Nada. Simplemente me limito a opinar sobre lo que considero que es el libre albedrío, sobre lo que los seres humanos hacemos con él, y especialmente dónde lo hacemos, en el vasto universo donde una explosión puede crear un millón de estrellas y en una roca donde un millón de dólares es capaz de engendrar un monstruo; en el inmensurable cosmos, en el que a pesar de nuestra pequeñez a menudo nos sentimos tan grandes y poderosos, sin fijarnos en la insignificancia que somos ante lo que hay detrás del sol y las estrellas, exclusivamente ocupados en darle rienda suelta a una facultad sin la cual seríamos siete mil millones de cápsulas de carne y hueso yendo de aquí para allá, neutralizados por la ignorancia que nos protegería del sulfuro del mal, sí, porque no sabríamos de su existencia, pero que también nos impediría el acceso a los serenos estados del bien y la paz.

viznel@hotmail.com

 

 

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