Opinión

La jocosidad por el pendrive

Las bromas no tardaron en multiplicarse, algunos comenzaron a preguntar si el “señor Pendrive” tenía habitación reservada en el hospedaje, mientras otros insinuaban que debía firmar planilla como parte del equipo organizador.
José Cedeño
domingo, 24 mayo 2026

Eran los inicios del presente siglo y la tecnología comenzaba a asomarse con timidez en los escenarios deportivos, por lo que los dispositivos de almacenamiento portátil aparecían en el mercado como una novedad que muchos observaban con curiosidad, mientras otros apenas trataban de comprender su utilidad. En aquellos años, los informes de competencias todavía se elaboraban entre hojas sueltas, carpetas voluminosas y largas jornadas de redacción manual que acompañaban el cierre de cada jornada. Sin embargo, la modernidad empezaba a hacerse presente, y con ella llegaban situaciones inesperadas que, sin saberlo, quedarían grabadas en la memoria colectiva del fútbol de salón. Fue precisamente en ese contexto, durante un Campeonato Nacional celebrado en Barquisimeto, estado Lara, donde la tecnología y la jocosidad protagonizaron un episodio inolvidable que aún hoy provoca sonrisas.

La jornada había sido extensa, árbitros, delegados y coordinadores cerraban el día con el agotamiento natural que deja una competencia nacional, en ese momento, el transporte destinado a trasladar a los árbitros hacia el lugar de hospedaje estaba prácticamente listo para partir, el cansancio se notaba en los rostros y el silencio del vehículo reflejaba el deseo colectivo de descanso. Cuando el conductor se disponía a arrancar, la persona encargada de coordinar los informes diarios levantó la voz con urgencia: “¡No arranque la buseta, hay que esperar el pendrive que se quedó en la oficina!”. Aquella expresión generó miradas de sorpresa, pues no todos estaban familiarizados con aquel término.

En medio de la expectativa, uno de los presentes, con escaso conocimiento sobre los avances tecnológicos, reaccionó con firmeza y en un tono que mezclaba cansancio y prisa expresó: “Vámonos ya, en esta buseta no cabe más nadie, esto está lleno; que se vaya en otro carro”. La afirmación provocó un intercambio de opiniones que rápidamente se convirtió en un pequeño forcejeo verbal. Algunos insistían en que el pendrive era indispensable para los informes del día siguiente, mientras otros defendían la idea de partir sin demora y resolver cualquier inconveniente después.

A los pocos minutos, desde la distancia, se observó a un joven acercarse con rapidez, levantando en su mano un pequeño objeto, era el tan esperado dispositivo de almacenamiento portátil. Al entregarlo, la persona que se oponía a la espera, aún con curiosidad genuina, preguntó con total naturalidad: “¿Ese es el pendrive?”. Al recibir la confirmación, lanzó la frase que desató la carcajada general: “¡Yo pensé que era una persona!”. El cansancio se disipó de inmediato y el ambiente cambió radicalmente, la tensión se transformó en risas espontáneas, esas que surgen cuando lo inesperado rompe la rutina y permite que el humor haga su trabajo.

Las bromas no tardaron en multiplicarse, algunos comenzaron a preguntar si el “señor Pendrive” tenía habitación reservada en el hospedaje, mientras otros insinuaban que debía firmar planilla como parte del equipo organizador. Hubo quien, entre risas, comentó que el pendrive había sido el último en llegar al cierre técnico de la jornada. La carcajada se hizo colectiva, y durante el trayecto al hotel el tema no se agotaba, por lo que comenzó como una discusión terminó convirtiéndose en una anécdota que alivió la jornada y fortaleció los vínculos entre quienes compartían la responsabilidad de sacar adelante la competencia.

Más allá de la anécdota, aquel momento dejó una enseñanza profundamente humana, el deporte, especialmente el fútbol de salón, está lleno de exigencias, responsabilidades y presiones que muchas veces pasan desapercibidas. Desde entonces, cada vez que alguien menciona un pendrive, no falta quien evoque aquella noche en la que todos esperaban a una persona. Porque el deporte también se construye con recuerdos, y algunos de ellos, como este, nacen de la espontaneidad, la sencillez y la alegría que solo la convivencia humana puede ofrecer. Queridos lectores, hasta la próxima, con el favor de Dios. Para contactos: @Joseceden o Facebook / José E Cedeño Gonzalez (El hijo mayor de Otilia González)

 

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