La confesión de Farruco
Insólita ha sido la confesión del Arquitecto Francisco Sesto, mejor conocido en el mundo de la política como “Farruco Sesto”, pero más insólita e increíble ha sido la inacción del sistema judicial venezolano luego de ella. En un país con un sistema de Justicia robusto, democrático e independiente ya se habría al menos, iniciado una investigación luego de que en alocución en un evento público en la ciudad de Madrid, y luego del trágico doblete sísmico sufrido, el arquitecto manifestara que: “No hacíamos estudio de suelos, teníamos mucha urgencia por entregar las viviendas”.
La anterior revelación no tendría mayor repercusión sino hubiera sido el autor el encargado de la Oficina Presidencial Para Proyectos Especiales, creada por el ejecutivo nacional, para la construcción de viviendas a gran escala inserta en el programa Gran Misión Vivienda Venezuela y responsable principal de un número de urbanismos, entre ellos las conocidas soluciones habitacionales con las siglas OPP del Estado Vargas para el momento de su construcción.
Develar tal secreto expone o deja en evidencia la punta del iceberg de toda la operación, que significó todo el tinglado en el que desde ya se enmarca en la creíble sospecha, de que no se cumplieron los estándares de seguridad exigidos, lo que seguramente estará atado a un indudable esquema de corrupción, del que habrá una cadena de responsabilidades legales, que al tirar de ella se podría establecer de manera individual quien responde por cada acción u omisión, llegando de esta manera a una individualización que podría tener tantos responsables como eslabones tenga esa cadena.
No es menor la importancia el reconocimiento de la omisión de los estudios de suelo, es tanto como aceptar que esas estructuras fueron edificadas en el aire, pero peor aún es la justificación de que la urgencia fue el factor determinante para solapar la inmensa obligación legal, pues con esto se permite concluir que la política estuvo siempre por encima de los derechos de los ciudadanos, porque como se justifica que un hecho político fue mas importante que la seguridad y la vida de las personas, era de suyo la crónica de un desastre anunciado, era solo cuestión del tiempo o de la naturaleza para que ocurriera el desastre.
Hay que decir que en materia de derecho penal se es responsable tanto por acciones como por omisiones, en este caso una omisión dolosa pues no hay cabida para omitir un elemento tan determinante por mera culpa, ya que el deber de cuido, la debida diligencia y las responsabilidades por el cargo serán elementos clave para la determinación de responsabilidades individuales, esto siempre que se despliegue una investigación penal responsable, seria, amplia e independiente.
Cierto es que ante los embates de un hecho de la naturaleza de la magnitud del que sufrimos, el factor humano entre en una escala de grises, pues habrá que indagar con exactitud el hecho humano que creó o disminuyó el riesgo, ese es el verdadero sentido de los estándares internacionales de seguridad en la construcción de las edificaciones antisísmicas, reducir eficazmente los riesgos ante hechos naturales impredecibles. En este caso, hay que decirlo con propiedad, más que crearse, se amplificó el riesgo y de manera dolosa.
Y para quienes simplemente reduzcan los hechos, a la infame teoría de que la responsabilidad es exclusiva de las víctimas, por faltar a la previsión del riesgo derivada de la instalación de tanques de agua, la confesión de Farruco derrumba por completo ese argumento, pues hasta una simple brisa quizás habría producido el mismo resultado. Cierto también es, que el juzgamiento de los responsables no devolverá la vida de las víctimas fatales, pero su impunidad profundizará, prolongará y hará permanente los daños colectivos. Dolor e indignación provoca la confesión y la impunidad evidente solo lo incrementará.
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