Hablemos hoy de: En silencio
A través de la historia y movidos por la necesidad, los seres humanos buscaron y encontraron formas y maneras de comunicarse. Así se estableció uno de los aspectos más importantes de la raza humana, la comunicación.
Sin embargo, hoy en día producto de una dinámica desenfrenada en la que viaja el mundo a velocidades que en oportunidades no permite pensar con claridad, y en la que el proceso comunicativo se ha tornado un poco complejo, muchas personas prefieren actuar con inteligencia y guardar silencio ante diferentes situaciones que pueden concluir en la generación de momentos incomodos y conflictos innecesarios.
Y aunque a través del tiempo, el silencio se ha visto como algo negativo o como una actitud pasiva de las personas, podemos decir con claridad que su efecto ha sido absolutamente lo contrario, ya que la energía que contiene puede generar equilibrio en momentos de tensión, motivando a las partes involucradas a conciliar, comprender, asimilar, aceptar y entender que se pueden cometer errores, pero también tenemos la capacidad de reconocerlos, asumirlos y corregirlos para avanzar hacia el entendimiento.
No olvidemos nunca que guardar silencio es una estrategia importante y poderosa, además de una demostración de control de las emociones y la aplicación de una actitud inteligente ante situaciones que en la mayoría de los casos, escapa totalmente de nuestras manos.
Cuando se habla sin frenos en momentos de cierta tensión, podemos articular palabras que tal vez lleguen a ofender, herir o molestar a los demás, y puede ser que no tengamos la intención de hacerlo, pero es un momento en el cual el razonamiento está en modo apagado producto de la ira o emoción que nos domina, y que nos hace ciegos ante la razón.
Pero si utilizamos el silencio, podemos razonar procesando las emociones propias y de los demás, comprender la realidad del entorno, asumir el rol que nos corresponde, pensar con claridad, analizar rápidamente pro y contra, y tomar la decisión correcta para avanzar y superar lo que pudo generar un conflicto innecesario.
Tenemos que aprender a guardar silencio cuando la rabia y la ira nos quieren dominar, al sentir confusión en el cerebro, no querer escuchar y solo ser escuchado, cuando nos critican, si alguien está de duelo, al tener una situación de salud, si nos interrumpen constantemente, si el tono de voz se eleva, si percibimos que no se llegará a ningún lado, si nos damos cuenta que estamos siendo objeto de provocación.
Al actuar de esta manera, evitaremos un sin número de complicaciones y malos ratos que no dejarán nada bueno para nadie. Además será positivo para nuestra salud mental, evitaremos pérdida de tiempo, disgustos innecesarios, tensión controlada, un mayor estado emocional, más alegría, satisfacción, armonía, mente clara y lucida, y en general, un mayor estado anímico y disposición ante cualquier situación que se presente.
Hay oportunidades en las que el guardar silencio es la mejor manera de comunicarnos, y así, estaremos diciendo más de lo que la otra persona o personas estén esperando. Guardar silencio puede decir más que mil palabras. Porque a pesar que la palabra tiene poder, el callar también tiene su secreto.
Cuando decidamos hablar, hagámoslo desde la consciencia plena, desde la seriedad y responsabilidad que tenemos como personas, desde la seguridad que nos da el estar claros en lo que vamos a decir, y desde el respeto por el auditorio ante el cual expondremos nuestras palabras.
Y si no vamos a decir nada constructivo, es mejor guardar silencio.
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Persona que acosa a alguien obsesivamente.
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