Alfredo Jiménez, no se rinde y vuelve a la cancha
Hay historias deportivas que no necesitan un marcador para saber que fueron ganadoras. Son historias que se escriben con años de entrega, con compañerismo, con momentos retadores y, sobre todo, con la voluntad de seguir adelante cuando la vida pone pausa en el camino. Esa es la historia de José Alfredo Jiménez, Alfredo para sus amigos y compañeros del fútbol de salón. Desde aquel agosto de 1991, cuando participó en su primer Campeonato Nacional de Fútbol de Salón, comenzó a construir una trayectoria que hoy forma parte de la memoria del arbitraje venezolano. Han pasado varios años, partidos, escenarios y generaciones, pero hay algo que permanece intacto, su disposición para compartir, ayudar y estar al lado de quienes forman parte de esta gran familia deportiva, ya que, cuando se habla de Alfredo Jiménez, no solamente se habla de un árbitro, se habla de un compañero.
Su recorrido fue creciendo con el tiempo y con cada oportunidad que encontró para prepararse, pues en junio de 1995 realizó el Curso de Nivelación de la Liga Especial Superior de Fútbol de Salón, LESFUTSAL, experiencia que le permitió formar parte de los árbitros que actuaron en tan importante competencia y que representó para él una etapa de aprendizaje que aún permanece en él. Después vendrían nuevos campeonatos nacionales y la posibilidad de ser invitado por diferentes Colegios Regionales para apoyar sus competencias. Luego llegó otro momento significativo con los Juegos Deportivos Nacionales Llanos 2007, donde integró el equipo arbitral que tuvo la responsabilidad de dirigir encuentros. Pero si algo caracteriza su trayectoria es que nunca entendió el conocimiento como algo que debía guardarse para sí mismo. Alfredo ha sido de esos árbitros que estudian el reglamento, que observan, que aprenden y que también están dispuestos a compartir lo aprendido con quienes comienzan.
Y entonces llegó aquel momento que cambió muchas cosas, hace aproximadamente nueve años, un accidente lo alejó del rectángulo de juego y lo obligó a enfrentar una realidad que ningún deportista ni árbitro desea vivir. Una intervención quirúrgica fue necesaria y todavía permanece pendiente otra operación que Alfredo y su familia continúan gestionando con esperanza y perseverancia. Para alguien que ha vivido tantos años ligado al fútbol de salón, abandonar de manera obligada los escenarios no debió ser fácil. Sin embargo, Alfredo no permitió que aquella circunstancia borrara todo lo construido durante tantos años, ya que, con la ayuda de Dios, el respaldo de su familia y una voluntad que merece reconocimiento, comenzó a regresar paso a paso, y hoy encontrando espacio especial en las categorías infantiles. Allí está otra vez, en una cancha, cerca de los niños y cerca del deporte con el que tanto se identifica.
Quienes han compartido una cancha, un campeonato, un viaje o simplemente una conversación con Alfredo conocen al hombre que existe detrás del uniforme arbitral. Es un excelente árbitro, sí, estudioso del reglamento y con una amplia experiencia práctica, pero quienes lo conocen seguramente tendrán una palabra que puede definirlo mejor. En un ambiente donde las decisiones arbitrales pueden generar desacuerdos y donde cada encuentro trae sus propias dificultades, Alfredo ha sabido ganarse el respeto por su forma de ser, ha compartido con árbitros, jugadores, entrenadores y dirigentes de diferentes generaciones, dejando en muchos de ellos algo más que el recuerdo de un partido.
José Alfredo Jiménez ha dejado amistad, respeto y disposición para ayudar. Esa es una parte de su historia que no aparece en las actas de los campeonatos ni en las estadísticas, pero que tiene un valor enorme, porque el tiempo puede borrar algunos resultados, pero difícilmente borra el recuerdo de una persona que estuvo presente cuando un compañero necesitó una orientación, una palabra de aliento o simplemente alguien con quien compartir el camino. Hoy Alfredo continúa escribiendo su historia, quizás de una manera diferente, pero con la misma esencia, su regreso a las categorías infantiles demuestra que todavía tiene mucho que aportar y que su experiencia puede convertirse en una herramienta para quienes apenas comienzan a descubrir el fútbol de salón.
Mientras espera que llegue el momento de resolver esa intervención quirúrgica pendiente, sigue tocando puertas junto a su familia, sin dejar de mirar hacia adelante. Y eso, quizás, sea la gran jugada de su vida. No una jugada marcada con silbato, ni una decisión tomada en segundos dentro de un rectángulo, sino la decisión de levantarse, continuar y volver a aquello que ama. Alfredo Jiménez ha dirigido partidos importantes, ha estado en campeonatos nacionales, ha vivido experiencias que muchos árbitros quisieran contar, pero su mayor legado puede estar en algo mucho más sencillo y profundo, haber sido un hombre de bien, un excelente árbitro y un mejor compañero. Porque en el deporte, como en la vida, al final no siempre se recuerda quién ganó el partido, pero sí se recuerda a quienes hicieron más humano el camino. Queridos lectores, hasta la próxima, con el favor de Dios. Para contactos: @Joseceden o Facebook / José E Cedeño Gonzalez (El hijo mayor de Otilia Gonzalez).
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