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Ellas pasaron el Día de las Madres tras las rejas

Hoy, a propósito de este día especial, sus testimonios hablan no solo del vacío en una mesa, sino del sufrimiento de unos nietos que escribían cartas a una celda.
domingo, 10 mayo 2026
madres
Cortesía | Extienden un mensaje a todas las madres que tienen a un hijo detrás de las rejas.

Para los hogares venezolanos, el Día de las Madres es sinónimo de reencuentro, flores y el calor del hogar. Sin embargo, para Omaira Salazar y Liomary Espina, ex presas políticas, esta fecha en los últimos años estuvo marcada por el silencio de una celda y la angustia de una libertad arrebatada.

Hoy, a propósito de este día especial, sus testimonios hablan no solo del vacío en una mesa, sino del sufrimiento de unos nietos que escribían cartas a una celda y de hijos que, a miles de kilómetros, contenían el aliento esperando una llamada.

Sus historias, están marcadas por la resiliencia y una fe inquebrantable. Sin duda, Salazar y Espina, representan el rostro de cientos de mujeres que han tenido que pagar el costo de la lucha social y política en Venezuela.

 

10 meses de silencio y fe

Con 55 años, y más de dos décadas dedicada a la lucha social en las comunidades del eje Atlántico de la parroquia Unare, en Puerto Ordaz, Omaira Salazar nunca imaginó que su servicio como presidenta de mesa en las elecciones pasadas del 28 de julio de 2024, por designación del CNE, sería el inicio de una pesadilla.

A las 9:00 de la noche del 23 de octubre de 2024 -una fecha que quedó en la memoria de ella y su familia-, su hogar fue vulnerado por funcionarios del Sebin. “Me sacaron de mi casa como una vulgar delincuente”, relató con una entereza.

Salazar enfrentó 10 meses de aislamiento total, un tiempo donde el aire parecía faltar, especialmente el Día de las Madres de 2025. Sin embargo, su fe en Dios y la comunicación constante con sus hijos, la mantuvo firme.

Recordó que en esta fecha memorable del 2025, un día antes solo pudo compartir con dos de sus cinco hijos, y a través de ellos, enviar un mensaje de aliento y esperanza a los demás que aguardaban en casa por su regreso.

“El Día de las Madres del 2025 fue el más triste, sentí que me faltaba el aire, todo porque aunque no comparto la idea de que el Día de las Madres sea un día específico, saber que para mis hijos si significaba mucho el no tenerme con ellos, y que mis nietos también sufrían; como madre y abuela, me afectó”, expresó Salazar.

Rememoró que “pude ver a mi hija y a mi hijo, abrazarlos y por medio de ellos transmitirle a los demás que estaba bien y que confiaran que no me iba deprimir sino que estaba fortalecida en Dios, eso fue el mayor lazo; declararles palabra de Dios y recordarles que él estaba presente a pesar de la distancia”.

Aquejada por hernias discales, desplazamientos de vértebras y una cardiopatía isquémica hipertensiva de alto grado, el aislamiento no solo golpeó su cuerpo, sino su espíritu de abuela y madre de cinco hijos.

“Nadie puede estar bien aislado, sin sonido y sin tener con quien hablar”, confiesa hoy, tras una excarcelación bajo libertad condicional que aún mantiene la sombra del riesgo sobre sus hombros.

A pesar de su condición, Salazar agradeció a Dios que en este 2026 podrá estar con sus hijos y nietos. “Podré estar con ellos, abrazarlos, sentir su amor. Están conscientes de que estoy bien, con los cuidados que me faltó mientras estuvo encarcelada”.

En este Día de las Madres extendió un mensaje de fe a todas las familias que todavía viven la odisea de tener a un pariente tras las rejas. “Mantengan la fe en Dios que tiene el control. A esos hijos, les digo que sigan perseverando en la oración para que vean a sus madres en libertad”.

Una distancia marcada por un dolor doble

Para Liomary Espina, miembro del Movimiento Vente Venezuela en Caroní, la fractura familiar es doble.

Su hijo, graduado en Comunicación Social, emigró a Chile en 2015. La última vez que se abrazaron fue, precisamente, un Día de las Madres hace cinco años.

Espina relató que durante su reclusión, el contacto con el mundo exterior, incluso con su hijo, se redujo. Tras siete meses sin comunicación, una breve llamada que llegó después del Día de las Madres, justo en su cumpleaños, fue el único puente con él.

“Era una fecha que pasaba con mis hermanas y con la familia para tratar de mitigar la ausencia de mi hijo pero todos mis hermanos ahora están fuera del país también, solo me queda la menor. No es sencillo, y luego de haber estado encarcelada. Ese día fue mi hermana y fue mi contacto con la calle. Pude tener una breve conversación con mi hijo, después de siete meses sin comunicación. Y también fue una de las últimas”, recordó con la voz entrecortada.

“No se lo deseo ni a mi peor enemigo; es muy duro”, afirmó al recordar su traslado al penal de Los Teques.

Para Liomary, el momento más devastador fue escuchar a su hijo de 30 años llorar a través del teléfono con la vulnerabilidad de un niño pequeño, una herida que solo la fe, ha permitido empezar a sanar.

Hoy, a pesar de su libertad condicionada sigue manteniéndose firme, y con la esperanza más viva. Sobre todo, luego de recuperar la comunicación frecuente con su hijo y parientes.

“Mientras ellos supieran que yo estaba bien, sabía que iban a seguir fuertes y que esto lo íbamos a superar juntos. Siempre mantuve la fe y la convicción. A pesar de que tenemos momentos difíciles también conseguimos la razón y el motivo para levantarnos de nuevo y seguir adelante. La certeza de que saldría de allí no me abandonó nunca, porque sabía que estaba en esa posición por una razón injusta”, dijo.

La dirigente reiteró que seguirá en lucha continua hasta que todas las madres puedan reunirse con sus hijos y familiares y que se puedan construir historias nuevas.

“El mejor tributo, homenaje que podemos ofrecerles a quienes quieren celebrar una fecha como esta, pero que aún su familiar está privado de libertad, es a continuar, resistir. Llevar adelante la lucha hasta que haya justicia y puedan disfrutar de estos momentos”, reafirmó.

 

Secuela emocional en la familia

La ausencia de una madre no solo deja un cuarto vacío; sino que deja una secuela emocional en toda la familia, así lo destacó Kailyn Noguera, hija de Omaira, quien describe el 2025 como el año más triste para su familia.

“Fue totalmente duro, triste y desgarrador. El primer año de mis 38 años que tuve que pasar sin mi madre; mis hijos y sobrinos lloraban preguntando por su abuela”, relató Kailyn.

En aquel entonces, las celebraciones fueron sustituidas por cartas y pequeños detalles que intentaban filtrar a través de los muros de la prisión. Hoy, en el 2026, la familia valora cada segundo tras haber superado la prueba.

Un legado de resistencia

A pesar del impacto psicológico, la ansiedad y las secuelas físicas, tanto Salazar como Espina coincidieron en un mensaje de esperanza.

Para Omaira, su lucha política tiene un solo objetivo que es dejar un legado donde sus nietos crezcan en una nación que respete sus derechos.

“Ese ha sido mi mejor impulso para seguir luchando y soportar el alto grado de estrés e impacto en mi vida emocional y psicológica”.

Por su parte, Liomary no se resigna y reiteró que “mi lucha continúa hasta que todas las madres se puedan reunir con sus hijos”.

Hoy, estas voces se levantan no sólo para contar su dolor, sino para exigir que la justicia sea el camino que permita a cada familia venezolana volver a celebrar un Día de las Madres, sin rejas de por medio.

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