En medio de una compleja situación energética en el Caribe, ha surgido un flujo logístico poco convencional pero estrictamente legal: el envío de combustible desde el sur de Florida hacia Cuba destinado exclusivamente al sector privado.
Estas operaciones, amparadas por licencias de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (Ofac) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, permiten la venta de hidrocarburos a las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) cubanas, siempre que las transacciones excluyan a entidades estatales y militares en su beneficio final.
Aunque las cifras recientes sitúan estos envíos en aproximadamente 30.000 barriles en lo que va de año, los especialistas del sector energético aclaran que este volumen representa una fracción mínima frente a la demanda interna de la isla. No obstante, el mecanismo se ha convertido en un alivio crítico para las empresas privadas que gestionan el transporte de alimentos y la entrega de encomiendas, permitiendo que la logística de última milla no se detenga ante la escasez general de combustible.
Logística y mecanismos de control de la Ofac
El proceso de exportación desde puertos como Everglades, en Fort Lauderdale, requiere un cumplimiento riguroso de la normativa estadounidense. Empresas con sede en Miami, como Flash Kingz, operan bajo licencias que tardan entre dos y tres semanas en ser procesadas. El combustible no se transporta en grandes buques petroleros, sino en isotanques (contenedores cisterna especializados) con capacidad para 24.000 litros cada uno.
“Todo está estrictamente regulado por la OFAC. Antes de que salgan los contenedores, tienes que enviar la información del combustible y la aduana revisa todo”, explican los operadores logísticos. Una particularidad del proceso es la intermediación obligatoria: aunque el cliente final es una mipyme privada, la recepción física en el Puerto del Mariel debe realizarse a través de importadoras estatales cubanas, las únicas autorizadas para manejar la entrada de estos cargamentos, por lo cual la empresa privada paga una tasa de servicio a la estatal.
El impacto real en la matriz energética cubana
A pesar de la visibilidad de estas operaciones, los expertos advierten que el impacto macroeconómico es limitado. Con un consumo diario estimado de 22.000 barriles de diésel en la isla, el total enviado desde Florida en varios meses apenas cubriría la demanda de un día y medio. Para Jorge Piñón, experto en energía, estos envíos son “gotas en un desierto”, cuyo beneficio se concentra casi exclusivamente en el suministro para camiones que reparten paquetes y suministros de primera necesidad.
El costo de esta operación también se ve afectado por la coyuntura internacional. La guerra con Irán ha provocado un alza significativa en el precio del diésel en Estados Unidos, duplicando los costos de adquisición en menos de un mes. Este factor inflacionario, sumado a los gastos de distribución y las tasas de intermediación, plantea un reto de sostenibilidad para las pequeñas empresas cubanas que dependen de este suministro para sus operaciones diarias.
El contexto de la excepción del embargo
El marco legal que permite estas transacciones fue recordado el mes pasado por la Ofac, subrayando que el embargo permite la venta directa a negocios privados. Además, existe una autorización para la reventa de petróleo venezolano al sector privado cubano, bajo la misma premisa de excluir a entidades gubernamentales del beneficio económico. Esta ventana comercial busca fortalecer la independencia operativa del sector no estatal en la isla.
Mientras tanto, la ONU ha planteado la posibilidad de establecer mecanismos humanitarios para el suministro de combustible a hospitales y servicios públicos, dada la situación crítica de la infraestructura básica. En paralelo, el gobierno de EEUU mantiene su política de presión, aunque permite esta excepción comercial como una vía de apoyo al emprendimiento privado, diferenciándolo de la estructura económica estatal.
