Opinión

Vida y muerte

“La materia no es más que la versión concentrada de la energía”.
Luis BRITTO GARCÍA
lunes, 07 enero 2019

La vida no puede resolver su propio enigma, pero es la única capaz de plantearlo. Para abordar el tema más perfecto del universo disponemos sólo de palabras imperfectas. Como la vida, toda explicación sobre ella estará herida de muerte.

 

El cosmos entero está animado. La materia no es más que la versión concentrada de la energía. No hay partícula atómica o subatómica que no sea inagotable fuerza ensayando toda la gama de las combinaciones posibles. Llevan en ello todo el tiempo del mundo. En catorce mil millones de años, la docena de partículas elementales que constituyen los 128 elementos de la Tabla Periódica forman algunas combinaciones dotadas de estabilidad estructural; en un cosmos que tiende al desorden de la entropía se articulan estructuras que se autoregulan, en un mundo donde todo es efímero algunas combinaciones tienden a propagarse. Misterio mayor que el de la mezcla interactiva de los elementos que componen la vida es su instinto de conservación. Las combinaciones que tienden a permanecer estables perduran, las que no, desaparecen. Las que tienden a perpetuarse lo hacen, las que no, se desvanecen. Tal es la explicación brutal de la presencia de la aterradora gama de combinaciones de la materia empeñadas en subsistir. Un universo en perpetuo cambio es máquina de ensayar y destruir transmutaciones. Para subsistir en un universo inestable, la vida a su vez al multiplicarse debe ensayar mutaciones y cambiar. Cada mutación es un accidente y a la vez una apuesta que puede acarrear aniquilacióno perennidad. Todo en el cosmos agrede ciegamente a la vida, y ella sobrevive mutando ciegamente al azar. Muerte y generación aumentan las apuestas en el juego de las mutaciones. Donde la muerte busca a la vida, ella ya no está. Pero dentro de sí misma ésta lleva consigo su propio fin. ¿Quién explicará el reloj biológico? ¿Por qué ese suicidio que llamamos vejez ocurre en cada especie en un tiempo determinado y según una agenda? ¿Depende el reloj biológico, como tantas cosas, de una mutación? ¿Por qué no se ha producido la mutación de la eternidad? Natura no se ocupa del individuo: la percepción focalizada en una conciencia crea la ilusión de que la naturaleza se concentra en ella. Nuestra inmortalidad es la descendencia y, si acaso, la obra.

 

El ser viviente no es el individuo, sino la especie y quizá en líneas generales la vida. Así como nuestras células nacen y mueren en el cuerpo, nacemos y morimos en la especie, y ésta en el todo. Lo inmortal es el código genético: el nuestro viene sin interrupción de la primera célula viva. Quizá no somos más que ramificaciones perecederas de un único organismo inmortal, el árbol filogenético, que se multiplica, muta, se entredevora y parcialmente se extingue y prolifera a lo largo del tiempo en un proceso que no sabemos si tendrá fin. Nada más inviable que una criatura inmortal. El cambio incesante del entorno terminaría por descartarla. Sólo la transformación sostiene la vida; la renovación continua procede al precio de la muerte constante de esos ropajes que son los cuerpos. Sin embargo, la vital combinatoria incansable parecería preparar seres inmunes al envejecimiento. Para qué tanto empeño en sembrar la muerte si la vida es lo único que retoña. Apostemos por la vida que, según Gabriel García Márquez, es lo mejor que se ha inventado.