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María guerrea por su título universitario

Quiere que los jóvenes sigan su ejemplo de seguir estudiando a pesar de los obstáculos.
lunes, 24 diciembre 2018
María (Cortesía)
Cortesía | Tuvo que trabajar desde muy pequeña

María es intensa desde que la conoces. Repite el discurso de su situación una y otra vez, para hacerse entender.

 

Lleva el cabello tejido, habla fuerte y mira a los ojos mientras conversa. Con un bastón en el transporte público pide ayuda para inscribir su tesis y graduarse finalmente como TSU Seguridad Industrial.

 

Para “rebuscarse” vende caramelos y cigarrillos en la terminal de pasajeros Manuel Piar de Puerto Ordaz, en cualquier autobús y en los portones de la Siderúrgica del Orinoco “Alfredo Maneiro”. Dice que los sidoristas la conocen y aunque pidió ingreso a la empresa, no lo logró.

 

María admite “yo soy así –intensa-, porque necesito ayuda” y eso la lleva a contar día tras día su historia en los “buses rojitos”, con su informe de pasantía bajo el brazo para demostrarlo.

 

Desde hace cuatro años su vida no es la misma, camina más despacio para lograr lo que se propone. En 2014, sufrió un accidente. Iba cruzando por la iglesia San Buenaventura de El Roble cuando una moto la arrolló y se dio a la fuga. María se fracturó la tibia y el peroné.

 

La atendieron inmediatamente en el Centro Diagnóstico Integral (CDI) El Roble, al día siguiente una amiga la llevó hasta el Hospital Dr Raúl Leoni de Guaiparo y luego fue trasladada al Complejo Hospitalario Ruiz y Páez en Ciudad Bolívar.

 

Posteriormente, fue atendida en el Hospital Dr. Miguel Pérez Carreño de Caracas donde logró unos avances.

 

“Soy una guerrera”

Actualmente tiene 26 años y se considera una guerrera, pero tiene mucho tiempo teniendo paciencia y le urge lograr su meta: culminar sus estudios.

 

En un país donde algunos cuestionen tener un título universitario, porque la inflación consume cada aumento salarial. María persiste en su cuarto semestre de Seguridad Industrial en el Instituto Universitario de Tecnología, Antonio José de Sucre, donde asegura todos le han prestado apoyo, tanto profesores como compañeros.

 

Por atender su salud estuvo un año ausente y tuvo que retirarse, pero luego pudo retomar su carrera.

 

Recientemente logró hacer la pasantía durante dos meses en el Servicio Autónomo de Emergencias Bolívar (Saeb 1-7-1), donde agradece el respaldo del personal en todo el proceso, en especial del director.

 

Además, admite que ha recibido la atención necesaria de parte de la Fundación Social Bolívar y gracias a unas terapias, solo necesita dar continuidad a su tratamiento en Ciudad Bolívar. No obstante, quiere consultar su progreso con el doctor que la ha atendido desde hace tiempo en Caracas, pero la situación país no le ha permitido viajar.

 

María es guerrera incluso antes de su accidente. Cuando tenía 17 años comenzó a sentirse extraña, le venía por primera vez una convulsión en plena calle y desde ese momento le recetaron fenobarbital para evitar los ataques, un medicamento que tiene que cazar para tomarlo.

 

En busca de oportunidades

Por su situación, cuenta que ha mandado cartas a la Alcaldía de Caroní y Gobernación del estado Bolívar para que la ayuden, pero no ha recibido respuestas.

 

En varias oportunidades insiste que quiere que el gobernador del estado Bolívar, Justo Noguera, se entere de su historia para que le tienda una mano con un empleo.

 

La joven pide que la ayuden a inscribir la tesis para así terminar su carrera y tener un trabajo que le permita llevar el sustento a su familia.

 

María reside en Cristóbal Colón, una comunidad en la avenida Manuel Piar, vía a El Pao en una familia de muy bajos recursos y que depende de ella para salir adelante.

 

Desde muy pequeña tuvo que trabajar vendiendo ajo en el Mercado Municipal de Chirica, “pero el ajo subió así que me fui a vender galletas en los carritos de San Félix”.

 

De allí no ha dejado de vender en la calle para salir adelante, tener un título que colgar en su casa y demostrar a los muchachos de su comunidad que sí se puede.

 

“Solo quiero darle un mensaje a los jóvenes a que aprovechen las oportunidades y estudien, que me vean a mí, como yo sigo luchando para estudiar y se motiven. La vida es muy corta”.

 

María no sufre de pena. Lo que le ha tocado vivir ha hecho que pierda el miedo a hablar con las personas y así poder contar su historia en la calle.

 

Es probable que muchos la escuchen y no le crean, porque pedir en los autobuses se ha hecho un método fácil para conseguir dinero, pero pueden acercarse a ella y comprobar que tener un título en sus manos es tan solo una de las tantas metas que aspira y por cosas del destino le ha costado más que a otros.

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