Opinión

Hablemos de Guri

La dinámica de la obra hizo que fuesen llegando al campamento.
jueves, 08 noviembre 2018

Desde lo más profundo de la naturaleza emerge gracias a la mano del hombre, una sutil y bondadosa extensión de tierra que se convertiría con el devenir de los años, en una  extraordinaria doncella que hizo brotar su nombre desde sus propias raíces. Les hablo de Guri, una población que nació de las figuras encontradas en las rocas que fueron removidas para dar paso a una obra gigante donde el hombre pondría a prueba su capacidad para transformar la naturaleza.

Es así como luego de muchos estudios, se define la zona donde habría de construirse la Central Hidroeléctrica Simón Bolívar Guri, por lo que hombres y mujeres fueron convocados a participar en este ambicioso proyecto que significaría a futuro, una de las obras de mayor envergadura e importancia construidas en Venezuela.

Como todo tiene su inicio, el primer paso dado fue el levantamiento de un campamento llamado Las Babas, el cual albergaría a los aventureros que pondrían su conocimiento, su pasión y su fuerza al servicio de la empresa encargada de desarrollar el gran proyecto; este pasaría posteriormente a ser lo que más adelante se conocería como Campamento Guri.

La dinámica de la obra hizo que fuesen llegando al campamento, profesionales de diferentes áreas y de todas partes del mundo, técnicos, obreros calificados, trabajadores, sacerdotes, curiosos, mujeres y hombres, dispuestos a aportar no solo conocimientos, sino su más ferviente compromiso para desarrollar una obra que traería inmensos beneficios al país, y una sociedad multicultural en la que la riqueza de cada uno formaría una cultura única que generaría muy buenos resultados.

Con el transcurrir de los años, la obra y el campamento se fueron convirtiendo en una zona de muy alta atracción, no solo por las oportunidades laborales, sino, por la dinámica que se formaba entre las personas. Distante de la ciudad más cercana, sus pobladores buscaban las más variadas alternativas que la naturaleza, la belleza de la zona y la camaradería establecida entre los trabajadores y sus familias les brindaba, convirtiendo los espacios libres y de esparcimiento, en momentos maravillosos donde el tiempo transcurría como si se estuviese disfrutando de unas eternas vacaciones.

La vida en el campamento se fue convirtiendo en el nacimiento de una maravillosa cultura de la hermandad, amistad, solidaridad, empatía, compadrazgo y lo más importante, que con el transcurrir del tiempo nos convertiría en una familia capaz de reconocernos en cualquier rincón del mundo, una verdadera familia universal.

Varias generaciones tuvimos el placer y la dicha de pertenecer al importante grupo selecto que Dios escogió para formar parte de uno de sus más hermosos proyectos, levantar una sociedad con un significativo nivel cultural, en la que se practicaran los más elementales valores de una sociedad que se reconoció y aún se reconoce, porque el tiempo y la distancia solo han logrado unir en el recuerdo, en la presencia y en la ausencia a la gran familia de Guri.

Es hermoso y emociona ver hoy en día, a una gran cantidad de Gureños caminando por la vida tranquilos y disfrutando de las bondades del éxito. Jóvenes y no tan jóvenes, profesionales, con talento, emprendedores, empresarios, altruistas, músicos, alegres y capaces de saludar no con un apretón de manos, sino con un abrazo porque en Guri, aprendimos que el abrazo transmite sentimiento y energía como la que un día decidimos tener como comunidad, y la aprendimos gracias a la formación que recibimos en nuestra casa, en el colegio, en la empresa y en el campamento.

Hoy agradezco a Dios la oportunidad de formar parte de la aventura de Guri, la comunidad universal, en la que aprendí una filosofía de vida que reconoce al ser humano, en la que el sentimiento de familia lo expresamos en todo momento, en los más tristes, en el éxito de alguno de sus integrantes, en las buenas y las no tan buenas, en la alegría, en el compartir, en la distancia y en cada situación que vivimos y en algunos casos compartimos.

A los que están presentes, a los que ya no están pero su recuerdo sigue vivo, a los que viven lejos y a los que están muy cerca, les quiero enviar mi abrazo y mi respeto, y decirles que en un espacio muy importante de mi mente y mi corazón, siempre están, porque formo parte de los aventureros que un día Dios nos dio la oportunidad de ser integrante de la gran familia de Guri.