Opinión

De lo social a lo estratégico (I)

“La Educación Popular hace énfasis en que no puede ser simplemente un conjunto de enseñanza conductual de conocimientos”.
jueves, 20 diciembre 2018

La orientación educativa como vínculos de Escuela a la Vida, incluye elementos de aprendizaje como los de conocimientos, comportamientos y valores, siendo practicado desde el momento en que se comienza a educar a otros hasta educarse a uno mismo. Entendiéndose en primer lugar que la escuela es unos de los procesos ideológicos del Estado, el cual, socializa a los nuevos individuos de la sociedad para integrarse a la vida cívica y formación ciudadana. De esta manera, la practica socioeducativa, es importante, en cuanto a la preparación de nuevos ciudadanos con la capacidad de producir y crear conocimientos, habilidades y valores que una determinada sociedad requiere.

 

Indudablemente esta diversidad de individuos requiere ser considerados como sujetos con capacidades de pensamientos, actuación y practicantes activos de una considerable riqueza cultural. Es decir, se tiene que educar considerando la potencialidad del ser de cada individuo, sin hacer creer que todos tienen que aprender lo mismo de manera conductual y por repetición de conductas. Claro está, que el primer aprendizaje es por estímulos. No sólo el innato deseo de aprender, sino también la búsqueda de satisfacciones, motivan a investigar y a someterse a procesos de aprendizaje con bases de premios y castigos. Por eso las sociedades reconocen los valores que quieren cultivar.El educador popular, en sus funciones como trabajador social, debe desempeñar una pedagogía procedente, el cual rompa con los esquemas comunes, donde el individuo asuma un papel protagónico, reconociendo sus potencialidades y destrezas como sujeto en transformación. De acuerdo a Esclarín (2003), explica que en las prácticas educativas, la educación popular es “…desarrollar la capacidad de leer la realidad, decir la propia palabra y escribir la historia de la liberación personal y comunitaria…” (p. 14). Mientras Pérez (1998), considera que, “…es el desarrollo de la semilla de uno mismo, de promover ya no el conformismo y la obediencia, sino la libertad de pensamiento y de expresión, y la crítica sincera, constructiva y honesta…”. (p. 25).

 

Ambos autores fijan una postura, a que la Educación Popular hace énfasis en que no puede ser simplemente un conjunto de enseñanza conductual de conocimientos y habilidades, de promover a los alumnos, otorgarle títulos o certificados, sino ir más allá de una instrucción y formar parte de una instrucción u orientación a formar personas plenas, a esculpir corazones fuertes, con valores solidarios y siendo conscientes de que la sobrevivencia de la humanidad pasa por la convivencia, y de que el egoísmo, el individualismo y el atormentado son a la larga formas de suicidio.

 

Por otra parte, un educador social deberá promover iniciativas de un proceso de crecimiento y de cambio, puesto que, la educación popular y social permite apropiarse de una capacidad de pensar y de crear nuevos espacios y relaciones entre los seres humanos en el hogar, la comunidad y el trabajo; superando así, la socialización de género construyendo nuevas relaciones de poder en la vida cotidiana y en el sistema de relaciones sociales, políticas y culturales.