Niños y Jóvenes

Claudia Romero
Estampa de arte al bailar

Sueña con ser parte del Ballet Teresa Carreño. Quiere bailar “hasta que el cuerpo no em dé más”. Admira a la bailarina rusa Svetlana Zakarova.
domingo, 23 septiembre 2018
Ángel García | Recomienda a todos hacer ejercicios y tomar mucha agua

Cuando Claudia Romero baila es imposible dejar de mirarla.

Derrocha elegancia y una perfecta técnica  que la hace el centro de atención cuando forma parte de algún montaje coreográfico.

La joven guayanesa de 14 años, lleva 10 puliendo sus conocimientos en el área dancística de la mano de los profesores Zandra Patricia Rodríguez e Isaías Paredes en el Ballet Zandra Patricia.

Cuando tenía 10 años asumió por primera vez el compromiso de ir a una competencia nacional de ballet, PuraDanza en Mérida.

Fue en 2014, 2015 y 2016 a competir en la categoría infantil, logrando la medalla de plata, entre numerosas niñas, por su variación de Diana y Acteón.

“Fue una experiencia impresionante. Con mucha presión. La primera vez que fui llevé una coreografía sencilla y entonces veía tras bastidores a otras niñas haciendo cosas más complicadas y eso me ponía muy nerviosa. Estás detrás y escuchar que dijeron mi nombre para anunciar que me tocaba me hizo tener un frío que me recorrió el cuerpo. Luego salí, nerviosa y dí lo mejor de mi. Cuando salí de escena, me dieron agua y no la pude tomar de lo cargada, de lo nerviosa que aún estaba”, relata la joven estudiante de tercer año de bachillerato.

La experiencia de competir en un nacional sirvió tanto a Romero como a sus compañeras de delegación para conocer el nivel de otras colegas de la danza y ver qué se estaba haciendo por la tendencia del clásico en todo el territorio nacional.

Recuerda con orgullo ver que las bailarinas de 10, 11 años del Ballet Zandra Patricia hacían sin problema coreografías o variaciones originales de los grandes ballets del mundo, al igual que otras alumnas de 16 años de otras partes de Venezuela.

Constancia y disciplina

“Recuerdo que llegué al ballet motivada por mi abuela Pilar. Ella me llevó , me inscribieron y yo me quedaba sentada a un lado, me daba miedo, veía todo tan complicado, tan exigente, creía que no lo podía hacer y ahora veo todo lo que he aprendido en estos 10 años y yo misma me sorprendo”, cuenta Romero, amante de las matemáticas.

Tal vez su pasión por los números la relacionó con el estricto orden del ballet clásico, las cuentas de las coreografías, todo medido, calculado.

Lo que la frenaba un poco era la puesta en escena. “La presencia escénica me costaba y la profesora Zandra me ayudó mucho. Lo más reciente que hice fue la variación de ‘Carmen’ en donde tenía que hacer el papel de una mujer que está coqueteando con alguien, mover cadera, hacer cosas que no se parecen a mi pero por exigencia de ese personaje y lo logré”, afirma.

Ese papel por cierto le dio el primer lugar en su categoría  en el III Festival de Jóvenes Solistas 2018 celebrado en Ciudad Guayana en el mes de julio.

“Me encanta el ballet y quiero seguir aprendiendo. Ahora que soy del ballet juvenil de Zandra Patricia y veo a las niñas pequeñas de preballet que dicen que quieren ser como yo, que me preguntan y quieren que les enseñe; recuerdo que una vez yo fui una de esas pequeñitas y admirada el trabajo de compañeras como María Mata y Annielys Romero que eran destacadas bailarinas. Eso me hace pensar que no hay imposibles que uno debe enfocarse en lo que quiere”, argumenta.

Clara en lo que quiere

“Me gusta el ballet clásico porque a través de ella puedo mostrar mis emociones. Por ejemplo, hacer muchas piruetas, para mostrar desesperación o la elegancia, la actitud de un arabesque bien hecho”, explica Romero.

De otros estilos de danza ha probado poco. Ha hecho contemporáneo pues en el Ballet Zandra Patricia tienen varias piezas en ese aire, pero lo suyo es sin duda, estar en puntas.

“Defiendo y reconozco la técnica, unas buenas extensiones, las posiciones correctas. Las clásicas no nos echamos al suelo, ni hacemos movimientos bruscos como en otros estilos de danza que claro, respeto y disfruto verlos, pero lo mio es la danza clásica”, sentencia.

Se ve “bailando hasta que el cuerpo no me dé para más”, y además “me gustaría bailar en el Ballet Teresa Carreño, hacer tantas cosas”.

De los montajes en los que ha participado destacan El Cascanueces, Lago de los Cisnes, Don Quijote y Bella Durmiente.

“De mis favoritos está El Cascanueces, tiene una magia especial y desde pequeña en el ballet he podido pasar por muchos papeles. Mi parte favorita es la batalla de soldados y ratones. También pude ser “Clarita”, el personaje principal, cuando tenía 12 años, y me lo disfruté totalmente”, relata la chica que se define como reservada y tranquila pero “lista” cuando debe salir al escenario.

Trabajo en equipo

El apoyo de su familia ha sido fundamental para poder lograr cada paso en el mundo de la danza.

“Una vez en una función me tocaban hacer 7 bailes seguidos, como con un espacio de 2 o 3 minutos entre uno y otro. Resulta que olvidé uno de los vestuarios y tuve que decirle a mi mamá que lo fuera a buscar a la casa. Fue y vino: llegó a tiempo. Nunca me desamparan”, cuenta entre risas.

Señala que muchas veces ha renunciado a tantas invitaciones de amigos para ir al centro comercial o a la piscina porque tiene ensayos.

“Sin embargo todo vale la pena”, argumenta la joven de delgada figura. Apunta que tanto el trabajo en equipo, el baile grupal, como el trabajo solista tiene su punto complicado. No obstante, le gusta ser solista y asumir toda la responsabilidad que eso conlleva.

“El ballet también me ha educado. A veces veo programas en donde pasan música clásica y puedo identificar si son piezas de alguna composición de Tchaicovsky por ejemlo”, asevera.

Para ella, más personas deberían educarse en el mundo de las artes: ballet, danza, teatro.

“A todo aquel que quiera hacer danza, la invitación está abierta. El ballet no es sencillo, se tiene que trabajar para lograr los resultados, pero si uno quiere algo, no debe pararle a lo que digan los demás, debe enfocarse en lo que quiere”, aconseja.

Se monta en las puntas de ballet con facilidad, pero no olvida las veces que tuvo ampollas en los pies, uñas encarnadas.

“Yo admiro mucho a una bailarina rusa Svetlana Zakarova o Zajarova. Veo sus videos en Youtube y me identifico con ella. Ella hace ver todas las coreografías como sencillas, tan delicadas, tan sutiles y cuando vas a  intentarlo dices, epa, no es tan fácil”, dice.

Ha notado que hay más niñas que niños en las escuelas de ballet. “A veces hay muchos prejuicios, se dice que el ballet es para niñas, que si ven varones en la danza consideran que son raros y no es así. Hay que ser respetuosos y si una persona desea hacer danza que lo haga y ya. Tenemos esa libertad”, apunta con fuerza.

Las rutinas de entrenamiento de una bailarina son exhaustivas. No tienen anda que envidiarla a las rutinas de futbolistas o atletas de alto impacto.

“Lo que la gente no ve detrás de las presentaciones son las horas y horas de ensayo, los ensayos muy fuertes”, sostiene.

Al terminar el bachillerato le gustaría especializarse como terapeuta ocupacional.

Ping Pong

-¿Qué ves en la tele?

-Programas de suspenso.

-¿Practicas algún deporte?

-Voleibol y me gusta fútbol, aunque las bailarinas debemos ser cuidadosas pues podemos lesionarnos.

-¿Equipo de fútbol?

-Real Madrid.

-Comida favorita:

-Pasta con carne.

-Un color: Morado.

-Cantante favorito:

-Sebastián Yatra.

-Una película:

Los Increíbles.