Opinión

Bitácora industrial

Durante décadas el petróleo ha estado por encima del 50 por ciento de las exportaciones del país, pero en el último medio siglo ha sido superior al 80 por ciento
Bitácora Industrial
viernes, 14 septiembre 2018

La dependencia petrolera

Durante casi un siglo Venezuela ha vivido del producto de la exportación de petróleo, provocando una contracción de la producción minera, agropecuaria e industrial, que en este momento sería la alternativa no petrolera o en todo caso complementaria en nuestra economía. Durante décadas el petróleo ha estado por encima del 50 por ciento de las exportaciones del país, pero en el último medio siglo ha sido superior al 80 por ciento y en los últimos 10 años está por encima del 90, convirtiéndose prácticamente en el único producto de exportación. Varios gobiernos han enarbolado la consigna de sustituir el modelo petrolero, pero los esfuerzos no han tenido éxito, porque para desarrollar una alternativa no petrolera se requiere invertir en ello parte del ingreso por las exportaciones de hidrocarburos y en lugar de ello han tomado el camino fácil de utilizarlo para cubrir el presupuesto de gastos. La propia industria petrolera ha requerido inversiones cuantiosas, que algunos años han sido superiores a 15.000 millones de dólares, mientras que según los expertos con 5.000 millones de dólares se le habría dado un importante impulso al sector agropecuario, que además los habría devuelto con creces. Ahora, con la contracción de más del 50 por ciento en la producción de Pdvsa y la imposibilidad de acometer las inversiones que requiere para aumentarla, el país necesita con urgencia recuperar los otros sectores de la economía, que porcentualmente requieren mucho menos inversiones que la industria petrolera y responden en menor tiempo. La coyuntura actual en la producción de Pdvsa podría provocar que no tengamos otra alternativa que desarrollar una economía no petrolera o que en todo caso el petróleo sea complementario de otros sectores productivos, como en Colombia, Brasil o Ecuador, en donde el petróleo es un porcentaje no mayoritario del PIB y que en consecuencia sus economías no dependen de las fluctuaciones de los precios internacionales del crudo, como nosotros. La caída en la producción de Pdvsa pudiera marcar, para bien o para mal, el fin del rentismo petrolero que ha caracterizado nuestra economía en un siglo. En 1930, la economía venezolana fue afectada por lo que los economistas llaman “enfermedad holandesa” que ocurre cuando un producto provoca un aumento importante de ingresos, que no es acompañado por otros productos. Fue así como la primera víctima de la explotación petrolera fue el campo venezolano, porque sus productores migraron hacia los campos petroleros en busca de mejores ingresos.

Auge y caída petrolera

A fines de la segunda década del siglo pasado, Venezuela era el primer exportador de petróleo del mundo y el segundo productor, solo detrás de Estados Unidos. En los años 60, el país era el tercer exportador mundial de crudo y el primer exportador a Estados Unidos. En esos años, la meta era alcanzar los 5 millones de barriles diarios, para lo cual se buscaban asociaciones con las grandes transnacionales petroleras. En 1950 la producción promedio anual fue de 1,5 millones de barriles, que fue subiendo gradualmente hasta alcanzar 3,7 millones en el año 70. Luego de la nacionalización del petróleo en el año 74, la producción descendió hasta llegar a 1,7 millones en el año 85 pero nuevamente se recuperó y para cuando Chávez ganó las elecciones en el 98, estaba en 3,3 millones de barriles diarios. Hoy la producción está por debajo de lo que era en el año 50 y los expertos dicen que de la producción del país, 70 por ciento es de las empresas privadas nacionales y extranjeras y que solo el 30 por ciento es propia de Pdvsa.

Guyana petrolera

A propósito de la nota publicada la semana pasada, varios lectores han hecho observaciones que Bitácora considera interesantes. Algunos han expresado sorpresa porque no imaginaron que la explotación de los yacimientos comenzaría tan rápido, como tampoco imaginaron que sería de la magnitud que mencionamos, es decir, por lo menos 750.000 barriles diarios en un horizonte de 10 años, aunque la producción de los primeros pozos comenzará en 2020, según Exxon. Pero este proyecto va en serio, a pesar de que algunos diplomáticos venezolanos esperaban que la explotación demoraría más tiempo, por el diferendo limítrofe del Esequibo, que no ha sido resuelto. Guyana actúa como si el Esequibo fuese suyo con todas las de la ley, y Exxon adelanta el proyecto de explotación como si no existiera posibilidad alguna de que ese territorio sea otorgado a Venezuela. Así las cosas, la Exxon comenzó en junio de este año la perforación de los primeros 17 pozos en el bloque Starbroek, frente a las costas del Esequibo, y estima que para comienzos de 2020 debe estar comenzando la producción. Simultáneamente con las perforaciones, Exxon trabaja para convertir un gigantesco buque cisterna en plataforma petrolera, con capacidad para recibir hasta 125.000 barriles diarios procedente de los primeros 4 pozos, y a la que agregarán otras plataformas para los pozos que se vayan incorporando a la producción. Respecto de los ingresos per cápita de los guyaneses, Bitácora estimó el ingreso bruto por la producción de petróleo para el PIB global. Pero es obvio que de ello hay que deducir el royalty para Exxon, que para los efectos contables es un gasto de Guyana. En neto, de todas maneras el ingreso per cápita de cada guyanés dará un salto importante y quedaría por encima del actual de Venezuela.

Acero y desarrollo

De los países que tienen industria siderúrgica Venezuela es la que tiene el menor consumo per cápita, un índice que para los economistas permite determinar el grado de desarrollo y el comportamiento de la economía de un país. Desde 2016 Venezuela desapareció de los registros internacionales en producción de acero, así como de las exportaciones en ese rubro. En cuanto al consumo de acero per cápita, Corea del Sur es el líder mundial como 1.130 kilos anuales, que contrastan notablemente con los 23,5 que tuvo nuestro país el año pasado. Argentina tiene 95 kilos por habitante, Rumania 180, Ucrania 96 y Egipto 126. Con todas las ventajas para producir acero como las que tiene nuestro país, hay que citar el caso de España, que no tiene mineral de hierro, hidroelectricidad, gas, ni otras materias primas necesarias, y sin embargo ha aumentado su producción de acero hasta 14,4 millones de toneladas anuales.